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Memoria de Adriano

En 1969 Adriano Romualdi ya había adquirido la estatura cultural de heredero espiritual de Julius Evola, con varias y acreditadas publicaciones de notorio espesor cultural, rigurosamente documentadas y de corte fuertemente anticonformista. Recuerdo, en particular, su breve ensayo Julius Evola: el hombre y la obra (1968, Collezione Europa, Editore Volpe), que fue sin ninguna duda la primera aproximación seria, profunda y también crítica a la obra y pensamiento de Evola en el mundo de la Destra italiana y que obtuvo la aprobación del filósofo romano. No deja de ser significativo que Adriano publicase dicho ensayo precisamente en 1968, en un momento histórico delicadísimo para la Destra italiana, culturalmente pobre con respecto a los procesos de cambio que estaban por activarse en la sociedad.
Adriano quería ofrecer a la Destra –y sobre todo a los jóvenes– una nueva y diversa clave de lectura de la historia, de sus fenómenos, de sus tendencias más profundas, que se advirten más allá de una visión epidérmica de los acontecimientos. Aquel breve ensayo, en 1969, fue una de mis primeras lecturas –a la edad de 14 años– y causó en mí un efecto muy estimulante, empujándome a profundizar los temas que se trataban en aquel ensayo, en sus aspectos más importantes y ofreci
La Europa arqueofuturista de Adriano Romualdi, Alfonso Piscitelli

El carro de batalla y el rayo láser
Los treinta años de la muerte de Adriano Romualdi caen en un momento de discusión –quizá también de confusión– con respecto a la identidad cultural de Europa. A la civilización del Viejo Continente, Adriano dedicó densas páginas llenas de entusiasmo y de rigor cultural; hoy su intelecto –alcanzada la edad de la plena maduración cultural– habría supuesto un aporte determinate y una enorme contribución a la definición de un concepto de Europa que fuera una sístesis de tradición y modernidad. Una contribución decididamente superior a la de los políticos que asumiendo, la función improvisada de “padres constituyentes”, durante semanas se han deleitado a añadir y quitar renglones al soneto del “Preámbulo” de la Constitución europera. Obviamente, no tiene sentido imaginar qué podría haber sucedido si la más valiosa promesa de la cultura de Destra (¿sólo de Destra?) de la postguerra italiana no se hubiera extinguido en una autopista en agosto. Mayor sentido tiene constatar cómo una parte de la obra de Adriano haya sido en el fondo olvidada con el paso de los años, y cuántas intuiciones expresadas con un lenguaje todavía juv
